
Ahora bien, si Demócrito no empleó estos mismos nombres para designar las cosas propiamente dichas, y admitió sólo cuerpos indivisibles, parece, sin embargo, que pretendió designar lo mismo con el nombre de individualidades; porque éstos, cuando se los ha separado, no pueden ser ni alterados ni destruídos ni fragmentados, sino que mantienen perpétuamente una eterna consistencia.
Parece, pues, que del concurso de estos corpúsculos se han formado y nacido todas las cosas, y siendo éstas por naturaleza de infinitas especies, he creído necesario tratar de su variedad, de sus diferentes propiedades y de los diversos usos que de ellas pueden hacerse en la construcción de los edificios, para que, cuando estas propiedades sean conocidas por los que quieren edificar, no cometan errores y puedan proveerse de los materiales aptos y apropiados para sus construcciones.
Los diez libros de arquitectura, Marco Lucio Vitruvio
1 Comentarios:
El hombre de Leonardo, el hombre de Vitruvio.
Publicar un comentario