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Humano

. 26 de mayo de 2009
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"Hoy, el gusto por el defecto es tal que sólo parecen geniales las imperfecciones y sobre todo la fealdad. Cuando una Venus se parece a un sapo, los seudoestetas contemporáneos exclaman: ¡Es fuerte, es humano!."

"Lo único de lo que el mundo no se cansará nunca es de exageración."

"Es evidente que existen otros mundos, eso seguro; pero, como ya he dicho muchas veces, esos otros mundos están en el nuestro, residen en la tierra y precisamente en el centro de la cúpula del Museo Dalí, donde está todo el nuevo mundo insospechado y alucinante del surrealismo."

"El que quiere interesar a los demás tiene que provocarlos."

Noche oscura

. 18 de mayo de 2006
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Yo pronuncio tu nombre,
en esta noche oscura,

y tu nombre me suena
más lejano que nunca.

Más lejano que todas las estrellas
y más doliente que la mansa lluvia.


Federico García Lorca, Kandinsky

Los genios no tenemos derecho a morir

. 30 de marzo de 2006
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“Los genios no tenemos derecho a morir, porque el mundo y la sociedad nos necesitan para seguir evolucionando.” 

A la vez, imploraba entre lágrimas, en el hospital:
"¡Quiero vivir, quiero vivir!”

Como Picasso, no pudo soportar la idea de la muerte.
“Lo que me gustaría es la inmortalidad de verdad, no morirme, porque la idea de la muerte es lo único que me angustia. Prefiero hacer cuadros malos y vivir más tiempo”.

A partir de la década de los cincuenta, Dalí vive una etapa aparentemente religiosa, pero que sospechosamente coincide con su vuelta a España. Hace entonces un Manifiesto místico (1951), y su interés por Santa Teresa y San Juan de la Cruz dan origen a su conocido Cristo (1951). Es en realidad un retorno al orden, un regreso a los pintores del pasado que tanto admiraba, como Velázquez o Vermeer. Pinturas religiosas como La última cena (1955) o Hábeas hypercubus (1954) pueden dar la impresión de una fe auténtica, pero en realidad no es más que un mero señuelo para volver a aparecer en los medios, como demuestra el hecho de que en ese mismo período haga obras tan provocadoras como su Joven virgen autosodomizada (1954).

Los últimos cuatro años de su vida los pasa encerrado en una habitación, con la mirada puesta en los muros de su gran obra, el Teatro-Museo que inauguró en 1972. Allí ve “una pared erosionada por el cielo que siempre había buscado a través de la confusa carne de mi vida”. Pero este es “un cielo que sólo se encuentra en el corazón de los hombres que tienen fe”. Así que “por eso me temo que yo moriré sin Cielo”.

“Creo en Dios”, dice Dalí, “pero no tengo la fe”. Ya que “por las matemáticas y las ciencias particulares sé que es indiscutible que Dios tiene que existir, pero no me lo creo”. Esa misma paradoja, es a la que según Pablo en Romanos 1, todo hombre se enfrenta. Ya que en el fondo de nuestro corazón, sabemos que Dios existe, así que no tenemos excusa (v. 20). Pero no le adoramos, sino que nos envanecemos en nuestros razonamientos, por lo que nuestro necio corazón ahora se ha entenebrecido (v. 21) .Dalí dio su corazón a una criatura, en vez de al Creador.

El gran ocaso del Dalí humano comienza al fallecer su musa y pareja Gala en 1982, con la gran diferencia (respeto a Cristo) de que “su amor no puede salvarle de la muerte".

Artículo, De Segovia.

Espejos

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El aire rebosa de las infinitas imágenes de los cuerpos que por el aire están dispersos. Todas están represetnadas en todas, todas en una y todas en cada una; de donde resulta que, si emplazamos dos espejos frente a frente y en un mismo plano, el primero se refleja en el segundo y el segundo en el primero. El primero, reflejándose en el segundo, lleva consigo su propia imagen y todas las imágenes reflejadas en él, entre ellas, la imagen del segundo espejo. Y así, imágenes dentro de imágenes, hasta el infinito; de suerte que cada espejo contiene en su interior una serie de espejos en la que cada uno es menor que el anterior y en él anida. 
 
 
Tratado de Pintura, Leonardo da Vinci

De la elección de hermosos rostros

. 25 de febrero de 2006
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No me parece parco donaire el de aquél pintor que da un aire gracioso a sus pinturas, gracia que, si por naturaleza él no tiene, adquiere por incidental estudio; de esta manera: mira a tu alrededor y toma los aspectos placenteros en muchos rostros bellos, cuya belleza esté confirmada más por pública fama que por tu propia opinión, pues te podrías engañar eligiendo rostros que se asemejasen al tuyo. 
 
A veces, en efecto, tales semejanzas nos placen, de suerte que, si tú fueras mal parecido, optarías por rostros nada hermosos y éstos harías deformes, como tantos pintores cuyas figuras se asemejan en ocasiones al maestro. Toma, pues, las bellezas cuál te digo y guárdalas en la memoria.

Tratado de Pintura, Leonardo Da Vinci

Diferencia entre la poesía y pintura

. 24 de febrero de 2006
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La pintura se te presenta sin demora tal cual por su autor fue engendrada, y tanto placer concede al más noble sentido, cuanto pueda concederlo alguna cosa creada por la naturaleza. Pero el poeta, que ofrece las mismas cosas al sentido común por vía del oído, sentido inferior, no proporciona al ojo un placer mayor que si oyéramos contar alguna cosa. 
Verás ahora qué diferencia existe entre oír contar una cosa, que al ojo de placer en dilatado plazo, y verla con aquella presteza con que se ven las cosas naturales; y verás que, aun cuando las obras de los poetas son leídas en un largo intervalo de tiempo, muy a menudo no son entendidas. En efecto: es preciso acompañarlas de diversos comentarios, con cuyo concurso en rarísimas ocaciones comprenden los comentadores el espíritu del poeta. 
Por lo que toca a los lectores, ocurre con frecuencia que no leen, por falta de tiempo, sino una pequeña parte de sus obras, en tanto que las obras del pintor con comprendidas de inmediato por sus contempladores.

Tratado de Pintura, Leonardo da Vinci

De como el ojo menos se engaña en su ejercicio más que ningún otro sentido

. 16 de febrero de 2006
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A distancias apropiadas y en adecuadas circunstancias, menos se engaña el ojo en su ejercicio que sentido alguno, porque, como ya demostrararé más adelante, ve por líneas rectas que componen una pirámide cuya base descansa en el objeto y cuyo vértice apunta al ojo. 

Por el contrario, el oído mucho se engaña en lo tocante al lugar y distancia de sus objetos, porque los sonidos no le llegan por líneas rectas, como las del ojo, sino por líneas tortuosas y quebradas; y así muy a menudo ocurre que voces lejanas parezcan más cercanas que las próximas a causa de su trayectoria; de suerte que solamente el eco llega a este sentido en línea recta. 

El olfato localiza con mayor dificultad si cabe el lugar de donde un olor procede. Por su parte, el gusto y el tacto han, por conocerlo, de tocar su objeto. (...)

¿Quién no quisiera perder el oído, el olfato y el tacto más que la vista? Pero ¿por qué? Porque quién pierde la visión es como aquél que, arrancado del mundo, no puede verlo ya, ni cosa alguna de las suyas. La vida es así hermana de la muerte.

Tratado de Pintura, Leonardo da Vinci

De las ciencias imitables

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Las ciencias imitables son de tal condición que el discípulo puede emular al maestro y obtener frutos similares. Son éstas útiles al imitador, pero no se equiparan en excelencia a aquellas que no pueden dejar en herencia, como las otras materias. Entre estas ciencias imitables es primera la pintura: no se puede ésta enseñar a quién la naturaleza se la negó; muy al contrario ocurre con las matemáticas, delas que tanto obtiene el discípulo cuanto el maestro le lee. Tampoco se copia, como las letras, para las que copia y original montan por igual. Ni se fabrica con molde, cual el original. Ni alumbra infinitos retonños, como es el caso de los libros impresos. Sólo ella permanece noble; sólo ella horna a su autor y permanece preciosa y única, sin parir hijos semejantes a sí. Y tal singularidad la hace más excelente que aquellas por doquier publicadas.

Tratado de Pintura, Leonardo da Vinci

El termómetro del éxito no es más que la envidia de los descontentos

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"(...) lo practico con éxito aunque no sepa hasta ahora muy bien en qué consiste exactamente. 

En términos generales, se trata de la sistematización más rigurosa de los fenómenos y materiales más delirantes, con la intención de hacer tangiblemente creadoras mis ideas más obsesivamente peligrosas. 

Este método no funciona si no se posee un motor blando de origen divino, un núcleo viviente, una Gala - y sólo hay una." 

"La inteligencia sin ambición es como un pájaro sin sus alas." 
"Cada mañana al despertarme, siento un placer supremo, el placer de ser Salvador Dalí."


Salvador Dalí

Mi ambición no ha cesado de crecer

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“El hombre - decía Dalí - no es nada si no ambiciona superar su propia época, añadir arte al arte, sin olvidar que un fabuloso pasado le ha permitido acceder a esta maestría y a esta comprensión”