Tienes cabellos color de oro

. 9 de abril de 2006
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- ¿Qué significa domesticar? (...)
 
- Significa crear lazos. (...) No te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo... (...) Si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. (...) ¡Será maravilloso! Tú tienes cabellos color de oro. El trigo dorado será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo... 

 

El Principito, Antoine de Saint-Exupéry

Citas y reflexiones (I)

. 5 de abril de 2006
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La mirada indiferente es un continuo adiós.
Malcolm de Chazal (1902), poeta de Isla Mauricio.

El amor es el centro, porque es lo único de nuestro ser que da sonido.
María Zambrano (1904-1991), filósofa española.

No echéis vuestras perlas a los cerdos, porque las pisotearán.
Evangelio de Mateo.

El amor es el deseo infinito del beso eterno.
Nieves Xenet (1859-1915), poetisa cubana.

No olvides que el primer beso se da con los ojos.
O.K. Bernhardt (1800-1875), escritor alemán.

Fazer arquitetura é criar beleza.
Oscar Niemeyer (1909), arquiteto brasileiro.

Dudas

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De este modo, el principito, a pesar de la buena voluntad de su amor, pronto dudó de ella. Había tomado en serio palabras sin importancia y se sentía muy desgraciado.

- No debí haberla escuchado - me confió un día -; nunca hay que escuchar a las flores. Hay que mirarlas y aspirar su aroma. La mía perfumaba mi planeta, pero yo no podía gozar con ello. La historia de las garras, que tanto me había fastidiado, debe de haberme enternecido...

Y me confió aún:

- No supe comprender nada entonces. Debí haberla juzgado por sus actos y no por sus palabras. Me perfumaba y me iluminaba. ¡No debí haber huído jamás! Debí haber adivinado su ternura, detrás de sus pobres astucias. ¡Las flores son tan contradictorias! Pero yo era demasiado joven para saber amarla. (...)

- Adiós - dijo a la flor.
Pero la flor no le contestó.
- Adiós - repitió. (...)
- He sido tonta - le dijo por fin -. Te pido perdón. Procura ser feliz.

El Principito, Antoine de Saint-Exupéry

Solitary confinement...

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Ocean burp...

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Los genios no tenemos derecho a morir

. 30 de marzo de 2006
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“Los genios no tenemos derecho a morir, porque el mundo y la sociedad nos necesitan para seguir evolucionando.” 

A la vez, imploraba entre lágrimas, en el hospital:
"¡Quiero vivir, quiero vivir!”

Como Picasso, no pudo soportar la idea de la muerte.
“Lo que me gustaría es la inmortalidad de verdad, no morirme, porque la idea de la muerte es lo único que me angustia. Prefiero hacer cuadros malos y vivir más tiempo”.

A partir de la década de los cincuenta, Dalí vive una etapa aparentemente religiosa, pero que sospechosamente coincide con su vuelta a España. Hace entonces un Manifiesto místico (1951), y su interés por Santa Teresa y San Juan de la Cruz dan origen a su conocido Cristo (1951). Es en realidad un retorno al orden, un regreso a los pintores del pasado que tanto admiraba, como Velázquez o Vermeer. Pinturas religiosas como La última cena (1955) o Hábeas hypercubus (1954) pueden dar la impresión de una fe auténtica, pero en realidad no es más que un mero señuelo para volver a aparecer en los medios, como demuestra el hecho de que en ese mismo período haga obras tan provocadoras como su Joven virgen autosodomizada (1954).

Los últimos cuatro años de su vida los pasa encerrado en una habitación, con la mirada puesta en los muros de su gran obra, el Teatro-Museo que inauguró en 1972. Allí ve “una pared erosionada por el cielo que siempre había buscado a través de la confusa carne de mi vida”. Pero este es “un cielo que sólo se encuentra en el corazón de los hombres que tienen fe”. Así que “por eso me temo que yo moriré sin Cielo”.

“Creo en Dios”, dice Dalí, “pero no tengo la fe”. Ya que “por las matemáticas y las ciencias particulares sé que es indiscutible que Dios tiene que existir, pero no me lo creo”. Esa misma paradoja, es a la que según Pablo en Romanos 1, todo hombre se enfrenta. Ya que en el fondo de nuestro corazón, sabemos que Dios existe, así que no tenemos excusa (v. 20). Pero no le adoramos, sino que nos envanecemos en nuestros razonamientos, por lo que nuestro necio corazón ahora se ha entenebrecido (v. 21) .Dalí dio su corazón a una criatura, en vez de al Creador.

El gran ocaso del Dalí humano comienza al fallecer su musa y pareja Gala en 1982, con la gran diferencia (respeto a Cristo) de que “su amor no puede salvarle de la muerte".

Artículo, De Segovia.